martes, 5 de julio de 2016

Politólogo de día y profesor de taekwondo por las noches



Politólogo de día y profesor de taekwondo por las noches

“El taekwondo es parte de mi vida y el estudio de la política es lo que me atrae como profesión. Si ambas cosas no estuviesen vinculadas, me sentiría vacío”, confiesa Ricardo Romero, un vecino de 44 años que convive con la pasión por las artes marciales y el hecho de ser profesor de ciencia política en varias universidades.

Su inquietud por entender esta disciplina deportiva empezó en la niñez, a raíz de una pelea infantil que protagonizó: “Cuando tenía 11 años, me pegó un chico y me sentí debilitado”, recuerda Romero. Ese hecho lo incitó a sumergirse en el mundo del kung fu y después abocarse al taekwondo. Entrenó movimientos y técnicas en diversos clubes del partido de Florencio Varela, como por ejemplo la Sociedad de Fomento “La Carolina”. Allí tuvo la posibilidad -con solo 18 años de edad y en compañía de su maestro- de dar su primera clase a la categoría Infantiles.
Romero perfeccionó su cuerpo. Pero, con el tiempo, aprendió que su práctica no dependía solamente de lo competitivo: “El taekwondo tiene que ser lo que vos quieras hacer. Esa construcción implica un compromiso personal, proyección, perseverancia, autocontrol, cortesía y una disciplina. Todos estos principios reafirmados en la vida cotidiana”, señala.  
Ese mensaje pacifista se lo inculcó Fernando Abad, su actual maestro de arte marcial y considerado sexto Dan(sexto grado de importancia en la trayectoria como maestro). Ambos se conocen desde hace más de 24 años, comparten anécdotas en común y esparcen su filosofía como integrantes de la Asociación Argentina de Taekwondo Independiente (A.A.T.I.).
Ricardo arribó al barrio de San Telmo en 2010 y se despidió de la práctica del kung fu. Se mudó frente al Parque Lezama. Su mensaje de un taekwondo más espiritual lo movilizó para sugerir, en 2012, la incorporación de la actividad-deporte en el Club Atlético San Telmo.
Así fue como en febrero de 2015 se puso en marcha la Academia Taekwondo Tradicional Grupo TAE (Técnica-Armonía-Energía), cuya sede se encuentra en Perú 1362 y cuenta con la coordinación de Juan Manuel Sánchez y Fernando Colombo. Romero, considerado cuarto Dan Internacional y cinturón negro, instruye a un grupo de ocho chicos y su idea es formar la categoría de adultos. Los Ninjas de San Telmo, como se apodan sus fieles alumnos, se presentan todos los lunes y miércoles de 19 a 20 para comprender las herramientas básicas del taekwondo.
“A veces trabajamos en clase con la coordinación de globos. Además tenemos espacios de expresión: les pido a los chicos que hagan dibujos sobre qué significa para ellos la lealtad, cortesía y perseverancia”, afirma.
Haberse convertido en profesor de la academia le permitió cumplir un sueño y, a su vez, conectar  ciertos conceptos de la filosofía del taekwondo con su otra vocación: politología. Estudió la carrera de ciencias políticas en la UBA (Universidad de Buenos Aires) y se gradúo como profesor a los 25 años. Así, Romero empezó -en 1995- a dar clases de “Política Latinoamericana” en la UBA y también enseñar “Economía Política” en el Colegio Nacional de Buenos Aires; entre otras instituciones educativas.
Tanto la politología y la disciplina marcial se entremezclaron en su vida que, durante cinco años, brindó un taller de taekwondo en el Nacional de Buenos Aires; pero tuvo que abandonarlo, por no tener suficientes alumnos durante la época de parciales.
Romero se propone concretar un proyecto de contención social. “Estamos viendo cómo traer chicos de la Isla Maciel, para que practiquen la disciplina en la sede. Y después quisiéramos tener un equipo de competencia que se entrene en la Isla”, comenta. Pero actualmente piensa cómo pasar más tiempo junto a Lautaro, su hijo de 3 años y para eso lo empezó a involucrar en las artes marciales mediante juegos sobre la coordinación de reflejos.
Ricardo mantiene su foco en transmitir la filosofía del taekwondo a más personas: “Yo soy como el Señor Miyagi (de la película ´Karate Kid´). El otro (en referencia a Daniel LaRusso) representaría a aquel que busca ganar el trofeo. Mi prioridad no es hacer dinero a través del taekwondo, sino difundirlo desde la base filosófica y social”, confiesa.
Martín Magurno

No pasarán. Columna de Gustavo Cirelli. Director de Tiempo Argentino

Tiempo Argentino


No pasarán

Columna de Opinión de Gustavo Cirelli, Director.
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LUNES, 04 DE JULIO DE 2016
POR GUSTAVO CIRELLI
Lo que ocurrió en la madrugada del lunes en Tiempo Argentino y Radio América no tiene antecedentes en la democracia que vivimos desde 1983. Un grupo de tareas, compuesto por 20 matones y comandado por el supuesto empresario Mariano Martínez Rojas, irrumpió en el edificio después de la medianoche del domingo, agredió a tres trabajadores de la cooperativa Por Más Tiempo que permanecían en el lugar y copó la redacción. Gozó de cuatro horas de impunidad para romper y saquear todo a su paso ante una pasividad alarmante de los efectivos policiales que adujeron órdenes de la fiscal contraversional Verónica Andrade, para no sacar a los intrusos de nuestro diario. Un hecho aberrante. 
No hubo un Estado ausente. 
Lo que ocurrió en la madrugada del lunes en Tiempo Argentino y Radio América no tiene antecedentes en la democracia que vivimos desde 1983.
El Estado estuvo presente durante cuatro horas vestido de uniforme en la puerta del diario impidiendo el ingreso de los más de 100 trabajadores de Tiempo que se autoconvocaron de inmediato para impedir que la impunidad se consagrara una vez más a la vista de todos. 
Hubo un Estado presente vestido de uniforme que dejó hacer durante más de cuatro horas a una veintena de energúmenos. Les permitió revisar cajones y hasta romper el sistema operativo del diario con la clara intención de impedir la continuidad de Tiempo. 
No pudieron.
Otra vez, no pudieron. 
Ya lo había intentado Martínez Rojas cuando discontinuó en los primeros días de febrero la impresión del diario de manera intempestiva, incumpliendo desde siempre sus promesas de cancelar la deuda salarial de los trabajadores; víctimas de un plan sistemático de vaciamiento de la empresa iniciado por Sergio Szpolski y Matías Garfunkel, accionistas de Balkbrug SA. Tiempo volvió a las calles con una edición especial aquel inolvidable 24 de marzo en el que agotó toda su tirada -inicialmente de 30 mil ejemplares, que terminó superando los 40 mil- lo que posibilitó que un mes más tarde regresara a los kioscos cada domingo, ya con sus trabajadores organizados en cooperativa. Ante cada escollo la redacción redobló sus esfuerzos y siguió adelante. 
Si este diario hoy está en manos de nuestros lectores es sólo por el compromiso y la valentía de sus trabajadores que reingresaron al edificio en defensa de sus puestos de trabajo y en defensa de la libertad de expresión, dos derechos inalienables que no estamos dispuestos a entregar ni ahora ni nunca.
La madrugada del lunes 4 fue un punto de inflexión en la lucha de la Cooperativa de Trabajo Por Más Tiempo. Fue una noche de terror, de esas que no se olvidarán jamás, que quedan impregnadas en la memoria como una pesadilla; pesadilla que arrastra al presente a los fantasmas agazapados en la oscuridad de los tiempos de la dictadura cívico militar. 
Es inexplicable desde todo punto de vista racional la violencia que sufrió este colectivo de trabajadores. La patota ya fue identificada, lo incompresible es que se fueron a sus casas después de haber cometido un rosario de delitos flagrantes; ese puñado de matones debería haber amanecido en un calabozo pero la ¿inacción? oficial les posibilitó otro destino. El mismo que a Martínez Rojas, que huyó de Tiempo Argentino custodiado en un patrullero. No habrá impunidad para lo que sucedió. Hay compañeros lastimados. Hay derechos violentados. Hay demasiada angustia e impotencia para que este nuevo episodio se pierda en el olvido. Y hay, además, responsables no sólo directos, materiales, sino también por omisión. Cada uno de ellos deberá enfrentar ante la Justicia lo que merece. 
La solidaridad que recibió el conjunto de trabajadores de Tiempo de parte de sus lectores, de colegas, de organismos de Derechos Humanos y dirigentes políticos es un respaldo que ayuda a seguir en un camino que no estamos dispuestos a abandonar. Y menos ahora que unos trasnochados quieren imponer a puños, patadas y gas pimienta su fuerza brutal por sobre la fuerza inclaudicable de este grupo humano inmenso. Inmenso. 
Esta columna se escribe al calor de una redacción que no dudó en responder a la agresión con periodismo; así, sin dudarlo, bien temprano, se decidió hacer frente al atropello con las herramientas de nuestro oficio. A pesar de las computadoras rotas. A pesar del desastre.  A pesar de la tristeza. El silencio no le ganará a los trabajadores de Tiempo. La impunidad, mucho menos. 
Hay una imagen de la noche de terror que sintetiza la ideología explícita de este grupo de tareas. En el último piso de la redacción, un cuadro del Rodolfo Walsh -un regalo solidario durante estos largos meses de lucha- fue roto con saña por los matones. Pero son torpes, claro. La sonrisa de Walsh quedó intacta. Y si algo aprendimos de él, con respeto y admiración, es dar testimonio en tiempos difíciles. 
De eso se trata. Así seguiremos.
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