domingo, 30 de junio de 2013

La oportunidad para que Dilma construya nuevos consensos


Tiempo Argentino
29.06.2013 | panorama internacional


La oportunidad para que Dilma construya nuevos consensos

La presidenta de Brasil puede aprovechar la fuerza de las calles, como en las artes marciales, a su favor.

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Finalmente, y contra todas las expectativas, el Mundial de Brasil se está convirtiendo en un problema de inesperadas consecuencias. Y se verá en la final de la Copa Confederaciones hasta qué punto las movilizaciones que comenzaron con una protesta por el aumento del boleto de colectivo calientan el clima en los alrededores del Estadio Maracaná en la final de España con la verdeamarelha.
Que la construcción de megaestadios para el certamen de la FIFA y para las olimpíadas de Río de Janeiro de 2016 estaba levantando indignación era algo visible desde hace tiempo. Ya una edición de nuestro suplemento Claves del Mundo del 28 de abril pasado, con el título "La otra cara del Mundial", lo había advertido. Como dijeron algunos de los columnistas en ese número, no todo era color de rosa en esta etapa en que Brasil se estrena como jugador de las grandes ligas, pero con severas cuentas pendientes hacia adentro de sus fronteras. Lo que nadie imaginaba era que en tan poco tiempo todo estallaría por los aires dejando la sensación de que nadie sabe cómo seguirá la película. Pero con la certeza, también, de que todos los ingredientes están sobre la mesa como pocas veces antes en la historia brasileña.
Se repite con acierto que Brasil es un país de consensos. Lo supo el PT, el partido creado por el metalúrgico Lula da Silva, cuando se dio cuenta de que las reivindicaciones por las que luchaba desde su sindicato paulista –que primero lo habían llevado a la formación de la Central única de Trabajadores como herramienta sindical– chocaba con la realidad de que era necesario tener representación política si no quería que su utopía terminara en una mera lucha testimonial.
Pero una síntesis de ese estilo de negociación pacífica y "civilizada" quedó plasmado –a empellones– con la ley electoral pergeñada por la dictadura que gobernó el país entre 1964 y 1985 para que nada cambiara cuando tuvieran que dejar el poder. Por eso de la "gobernabilidad".
Conocido como "sistema de preferencias", la legislación permite que cada candidato "adhiera a un partido pero a la vez junte votos de manera personal", como resalta Ricardo Romero, politólogo de la UBA y la UNSAM y habitual columnista de Tiempo Argentino. Este método garantizó hasta ahora que no haya una mayoría en el Congreso favorable a cambios profundos en la sociedad, ya que la negociación no es sólo con la oposición  sino también hacia adentro de cada partido. Y además, hay una sobre representación de los Estados menos poblados en detrimento de los más populosos, lo que en sí mismo no sería un problema, pero genera grandes diferencias entre la posición de los distritos más industrializados y los territorios donde la economía gira en torno producciones con menor valor agregado.
El PT intentó llegar al gobierno de la mano de Lula en 1989, 1994 y 1998. Estuvo cerca, pero ese poquito que faltaba para ganar convenció a los líderes "petistas" de que era necesario rendirse ante la evidencia de que sin alianzas no habría gobierno. Ese papel jugó el ex guerrillero José Dirceu, quien logró aglutinar alrededor del sindicalista a una serie de partidos menores, en un amplio abanico que iba desde la izquierda a la derecha pasando por las iglesias evangelistas. Su vicepresidente fue el fallecido empresario José Alencar, uno de los más ricos de Brasil, que había apoyado el golpe del '64.
Hace diez años, Lula llegaba al Palacio del Planalto como una esperanza para millones que al fin habían logrado coronarlo por una trayectoria impecable como dirigente gremial. Había ganado con un discurso de igualdad social y de fuerte compromiso en contra de la corrupción. Pero allí también comenzaría una saga que incluso podría llevarlo a una condena.
Porque Dirceu, para entonces su hombre de confianza y jefe de Gabinete, terminaría implicado en una denuncia de uno de los socios electorales del "travalhismo" en lo que se llamó el "escándalo del mensalão". Que no era otra cosa que el aporte económico para los partidos aliados. Pero que en boca de un hombre de la derecha más rancia como Roberto Jefferson ante la revista Veja fue el gran titular escandaloso. El PT, que prometía combatir la corrupción, soborna a diputados para que les aprueben las leyes.
Mientras tanto, Brasil desplegó una fuerte política exterior y se posicionó fuerte en el ámbito regional. Aquí también hubo un acuerdo razonable de todos los sectores en pugna. Itamaraty, la cancillería brasileña, tiene políticas nacionales a más largo plazo que los dirigentes políticos. Incluso se dice que la diplomacia brasileña es quien realmente gobierna en el Planalto. En este caso se unió la tradición internacionalista de un partido de izquierdas como el PT y la comunidad de intereses dio sus frutos: Brasil es uno de los países centrales en el siglo XXI, las empresas brasileñas se trasnacionalizaron y tienen negocios en todo el continente y más allá.
En este contexto la realización del Mundial de Fútbol y de las Olimpíadas se convirtió en una necesidad de marketing político. Por eso era importante para el gobierno, que podía demostrar los logros de una gestión encabezada por un tornero mecánico, para Itamaraty, que representa los intereses exteriores de una potencia emergente y no de un país subdesarrollado, y para los empresarios, que si ya venían ganando con los planes económicos que incorporaron casi 40 millones de pobres al consumo, con las obras públicas multiplicaron sus ingresos mucho más.
Hasta que de pronto todo parece desmoronarse. Dirceu fue condenado en octubre del año pasado y lo que comenzó como un simple aumento de un "vintén" como diría Zitarrosa, destapó una olla mucho más grande. Y del boleto se pasó a la represión, que costó la vida de unas 10 personas –otra cuenta pendiente del oficialismo, la democratización de las policías, por más que las fuerzas de seguridad dependan de los gobiernos estaduales– y de allí a protestar por los gastos multimillonarios en eventos organizados por la FIFA y el Comité Olímpico y los déficits en salud y educación.
La primera reacción de la presidenta Dilma Rousseff, cuando salió del estupor, fue decir que había oído el reclamo del pueblo. La segunda fue convocar a un referéndum con la aspiración de reformar la constitución y el sistema electoral y de representación. Los manifestantes, en tanto, consiguieron pequeñas victorias en el Congreso. Así, fue dejada de lado una reforma conocida como PEC 37, que iba a dar mayor poder para investigar a la policía en lugar de los fiscales. Los líderes de la protesta consideraban que esa medida estaba destinada a impedir que se pudiera juzgar delitos de corrupción. Pero también le dejaba las manos libres a los zorros para controlar los gallineros, dicho mal y pronto.          
También en estos días se aprobó una ley que pasa a considerar a la corrupción pública como un delito grave, lo que endurece las sentencias. Apurados por el ruido de las calles, la justicia ordenó el arresto de un diputado que había sido condenado por el desvío de fondos públicos.
Al mismo tiempo, los legisladores aprobaron destinar a las áreas de educación y salud a la totalidad de las regalías petroleras correspondientes al gobierno federal, a los estados y los municipios.
Dilma, que tiene un pasado de lucha, recordó en uno de sus discursos lo que le costó a su generación conseguir la democracia. Ahora tiene el desafío de profundizar los derechos y las garantías para todos los ciudadanos. Y ese reclamo de igualar para arriba, justo y también lógico en el marco de los millones de brasileños que ahora tienen ante sí otro horizonte de expectativas, es la gran oportunidad de conseguir lo que por las vías de los consensos no se había alcanzado.
Tras un encuentro de la presidenta con el titular del Supremo Tribunal de Justicia, Joaquim Barbosa, el primer negro en llegar a ese cargo en la historia brasileña, deslizó algunos conceptos que el gobierno debería tomar como música para sus oídos: "La democracia no está en riesgo (…) el país está sumergido en una grave crisis de legitimidad (…) Brasil está cansado de reformas de cúpulas políticas que atienden sólo sus intereses específicos."
Carlos Ayres Britto, quien fuera presidente de esa misma corte hasta finales del año pasado, sostuvo en los considerandos de la condena a Dirceu que "el sentido de las alianzas (políticas) es el de su transitoriedad", y agregó que "cada partido goza de autonomía política, administrativa y financiera. Tiene una identidad ideológica o político-filosófica que se pone en suspenso para formar alianzas en el período electoral", pero, pontificó, una vez terminado este período deben ser "substituidas por alianzas tópicas,  puntuales, episódicas, para la aprobación de proyectos específicos". Una especie de reclamo a la dirigencia para modificar esta legislación que retoma Barbosa.
Dilma está en condiciones de aprovechar la fuerza de las calles, como en las artes marciales, a su favor. Y hacer de esta crisis la oportunidad para nuevos consensos que incluyan a las mayorías que en el país del fútbol protesta contra el Mundial.  -
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domingo, 23 de junio de 2013

Paz y negociación: Dilma quiere acordar en armonía

Paz y negociación: Dilma quiere

acordar en armonía


Dilma acuerda. Paz social que excluya a los violentos.
Propuesta presidencial tras las manifestaciones.
La Copa de las Confederaciones, un evento organizado para que la selección de fútbol de Brasil haga gimnasia, terminó desatando una de las movilizaciones más importantes de los últimos treinta años en ese país. Si bien desconcertó por la masividad de la protesta, los motivos de la misma no sorprendieron a nadie. Es que la organización de este certamen, junto con el Mundial 2014 y las Olimpiadas 2016, vienen causando dolores de cabeza a la presidenta Dilma Rousseff. Oportunamente, la presión de la Federación Internacional del Fútbol Asociado (FIFA) por la habilitación de venta de bebidas alcohólicas y por la realización de las obras de infraestructura, con licitaciones ad hoc en tiempo récord, provocaron incluso la renuncia de un secretario de Deportes. En tal sentido, el intento de trasladar los costos de inversión en transporte a los habitantes de las sedes del evento fue la punta del iceberg del conflicto que irrumpió en las calles brasileñas. Las primeras convocatorias fueron realizadas por el Movimiento Pase Libre, impulsado por organizaciones de izquierda, pero a lo largo de las jornadas fueron desbordados por la convocatoria de las redes sociales (y los medios de comunicación) que desplazaron la protesta contra el opositor Geraldo Alckim (gobernador de San Pablo) hacia todo el espectro político, alcanzando a la misma presidenta Dilma Rousseff. Así, el reclamo contra el aumento en las tarifas del transporte se vio incrementado por reclamos que van desde el pedido de mayor transparencia e inversiones en educación y salud, hasta ataques a la política en general. Si bien es destacable el componente juvenil de los manifestantes, algo que hacía recordar al Impeachment contra Fernando Collor de Melo en 1992, el perfil antipartidario y apolítico del mismo es muy diferente al movimiento que provocó aquella destitución hace veintiún años. Esta situación provocó la suspensión de un viaje a Japón de Dilma Rousseff, quien se reunió de emergencia con su equipo para analizar la canalización de esta protesta y sus perspectivas, teniendo presente que la visita de Francisco I a la Jornada Mundial de la Juventud Católica se produciría el próximo 22 de julio. Por cadena nacional, la presidenta se dirigió al pueblo brasileño para exponer una propuesta de negociación que, aclaró, queda condicionado a la paz social. En su alocución, Rousseff celebró las “movilizaciones pacíficas y democráticas”, pero remarcó que actuará con firmeza contra los violentos. “El gobierno y la sociedad no pueden aceptar que una minoría destruya el patrimonio público y privado”, sentenció. Así, Rousseff propuso una gran negociación, con los gobernadores, las autoridades locales y hasta con los mismos líderes de la protesta, que permita avanzar en mecanismos de transparencia y que garantice no sólo inversiones en un sistema de movilidad urbana, sino que además aporte a las partidas presupuestarias en salud y educación, destacando especialmente el proyecto que presentó para orientar los ingresos petroleros prioritariamente hacia esas áreas. Con estas acciones, la presidenta espera volver a un marco de paz.

OTRAS NOTAS

  • La cumbre entre la presidenta brasileña Dilma Rousseff y el titular de la Fifa Joseph Blatter se precipitó tras una crisis entre los delegados encargados de la organización. El secretario general de la entidad deportiva, Jerome Valcke, sostuvo que “Brasil merece una patada en el trasero”, a lo que el recientemente asumido ministro de Deportes, Aldo Rebelo, retrucó increpando sobre quién se debería llevar el “patadón”, traducción elegante de una discusión que puso al vilo la realización del megaevento en Brasil.
  • Si bien faltan más de 30 meses para el puntapié inicial de la Copa 2014, el Mundial de Fútbol se palpita en la política brasileña. De hecho, su organización se llevó puesto a un ministro de Dilma Rousseff, el comunista Orlando Silva, que acusado de un supuesto desvío de fondos no resistió el embate de la Fifa. La máxima organización del fútbol, a traves de su secretario general, Jerome Valcke, presiona para que Brasil avance en la sanción de una normativa para facilitar las obras y el desarrollo del evento.
  • A pedido de Dilma Rousseff, el ministro de Defensa brasileño, Celso Amorin, firmó una ordenanza publicada en el Boletín Oficial, que autoriza el empleo de las FF.AA. en la coordinación de la defensa y seguridad de áreas prioritarias de los megaeventos que ocurrirán en Brasil, que van desde la Copa Confederaciones en 2013, la Copa del Mundo de 2014 y los Juegos Olímpicos y Paraolímpicos de 2016. Incluso, actuarán durante la visita del Papa Benedicto XVI, que acontecerá el año próximo en la Jornada Mundial de Juventud en Río de Janeiro.
  • A la crisis parlamentaria y de gabinete se le suma la social. Esta semana, el Movimiento de los Sin Tierra y Vía Campesina se movilizaron hacia Brasilia, sede del gobierno federal, y marcharon por la Explanada de los Ministerios, en la principal avenida de esa ciudad que concentra a las oficinas de los principales poderes públicos. Unos 20 mil manifestantes se constituyeron en la primera marcha de masas contra la gestión de Dilma Rousseff.
  • El próximo 20 de septiembre, el flamante presidente electo de México, Eduardo Peña Nieto, se reunirá con su par brasileña, como parte de su gira por Centro y Suramérica. Su itinerario comenzará en Guatemala, pasando por El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Panamá y Colombia; arribará a Brasil el 19 de septiembre, donde se encontrará con el ex presidente Fernando Henrique Cardoso y al día siguiente hará lo propio con Dilma Rousseff; concluyendo su periplo con visitas a Chile, la Argentina y Perú.
  • Desde la caída de Antonio Palocci, Jefe de la Casa Civil acusado de enriquecimiento ilícito, y de Alfredo Nascimiento, Ministro de Transporte denunciado por corrupción, el gobierno de Dilma Rousseff se sumergió en una tormenta política que aún tiene que sortear. Paralelo a las acusaciones y operaciones de opositores, periodistas y lobbistas, que buscan rédito de cada crisis, las corporaciones avanzan sobre el gabinete poniendo bajo la lupa a varios ministros (de hecho cuestionan a Pedro Novas –Turismo–, Ana de Hollanda –Cultura– o Afonso Florence –Desarrollo Agrario–, entre otros).

    Bien
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sábado, 22 de junio de 2013

Más allá de las protestas

Tiempo Argentino




Más allá de las protestas

Lo sorpresivo de las movilizaciones sociales que irrumpieron las calles brasileñas, es que desconcertaron a medios e intelectuales, que inmediatamente salieron a intentar dar explicaciones sobre una protesta social que va más allá de la suba de tarifas de transporte.

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Por: 
 
Ricardo Romero.
Tanto desde la izquierda, que tiende a tildar a este movimiento de fascista, por ser jóvenes apartidarios de clase media, como desde la derecha, que intenta igualarlo al Impeachment contra Collor, tratando de presentarlo como un movimiento anticorrupción, las interpretaciones toman componentes de un país con profundas contradicciones sociales.
Si bien es cierto que tanto el gobierno de Ignacio Lula Da Silva como el de Dilma Rousseff provocaron importantes transformaciones sociales, sacando de la indigencia a millones de brasileños como principal efecto, aún quedan pendientes temas como la contención de una juventud, devenida del boom demográfico que el mismo progreso social generó, que suma expectativas y demandas a un modelo, que pareciera no incluirlos.
Si bien la manifestación tuvo su epicentro en el Movimiento Pase Libre, impulsado por organizaciones de izquierda, su perfil ideológico desbordó las reivindicaciones de base, que desde las redes sociales expresan no sólo contenidos de protesta, sino que además atacan a todo el espectro político partidario. De hecho algo que comenzó contra el opositor Geraldo Alckim (gobernador de San Pablo) hoy alcanza a la misma presidenta Rousseff.
Sin embargo, si bien hay cierta irritación, se aleja bastante del movimiento de indignados europeos, donde estos están siendo despojados de conquistas y derechos sociales. Lo cierto es que son movilizaciones que no ocurrían en Brasil desde hace 21 años, y que si bien los manifestantes lograron revertir los aumentos en las tarifas de transporte, pareciera que esto no va alcanzar. Es que las consignas se multiplicaron a lo largo del pliegue de la protesta y ahora se interpela la realización misma del Mundial 2014 y de las Olimpiadas 2016.
La organización de estos megaeventos, que ya se llevó puesto a un Secretario de Deportes, el comunista Orlando Silva, por no ceder a las presiones de la FIFA, que entre otras cosas impulsaba la venta de bebidas alcohólicas en los estadios de fútbol, ahora preocupa a Dilma Rousseff, que suspendió su viaje a Japón, y reunió a su Gabinete para afrontar una situación compleja con final incierto.
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martes, 11 de junio de 2013

Fighting inflation: 'Army' of Kirchner supporters monitor prices in Argentina

http://www.csmonitor.com/World/Americas/2013/0611/Fighting-inflation-Army-of-Kirchner-supporters-monitor-prices-in-Argentina?nav=87-frontpage-entryNineItem

Fighting inflation: 'Army' of Kirchner supporters monitor prices in Argentina

Some 3,000 pro-Kirchner activists march store aisles nationwide making sure there's no overcharging for the 500 goods under a new price freeze.

By Correspondent / June 11, 2013
A worker arranges products as customers shop at the Mercado Argentino outlet supermarket in Lomas de Zamora, on the outskirts of Buenos Aires, April 22. A reported 3,000 young supporters of President Kirchner nationwide are entrusted with making sure stores do not overcharge for the goods, which range from minced meat and pasta to cooking oil and cookies.
Marcos Brindicci/Reuters/File
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Buenos Aires
Sporting sleeveless jerseys branded with a government campaign slogan, young followers of President Cristina Fernández de Kirchner march down supermarket aisles to check on price freezes imposed by her administration.
The freezes, which apply to 500 products, are the latest attempt by the Argentine government to tame inflation that private economists put at 24 percent – the second-highest rate in South America after Venezuela. President Kirchner says she is protecting consumers by combating the “big monopolies,” blamed for increasing prices. But critics insist the controls are a superficial measure that do little to tackle the problem of inflation in the longterm, and lead to shortages.
A reported 3,000 pro-Kirchner youth activists nationwide are entrusted with making sure stores do not overcharge for the goods, which range from minced meat and pasta to cooking oil and cookies.
“Our task is to ensure the supermarkets honor the price freezes,” says Laura Farb, a member of the youth wing of Peronismo Militante. It is one of several organizations that support President Kirchner – both fanatically at mass rallies and through regular social work, often in poor neighborhoods.
The measure, agreed to by supermarket chains like Walmart and also implemented by smaller convenience stores, is expected to last until October. It follows a four-month freeze on more than 10,000 products. “Watching prices to protect the people’s pockets,” reads the message printed across volunteers’ jerseys.
The government also froze gas prices in April and invests in schemes like “Meat for Everyone,” which offers Argentines popular cuts of steak at a knockdown cost.
La Cámpora, meanwhile, the political youth organization headed by Kirchner’s son, sells fruit and vegetables at wholesale prices at its centers across Buenos Aires. It echoes Kirchner's belief that “big monopolies” are largely to blame for inflation, not the government’s economic policies.

'Makeup'

“It’s businessmen that set the prices,” Kirchner said in a recent speech to celebrate 10 years of Kirchnerism, the left-wing political model started by Néstor, her late husband and predecessor, in 2003.
Freezing costs is “myopic,” however, says Gastón Rossi, director of the consultancy LCG and a former vice-economy minister under Ms. Kirchner. He says the original freezes, which were agreed to in February, curtailed inflation during the salary bargaining season with union leaders. Unions are strong in Argentina and the controls were a “successful tool” for moderating raises.
“But it’s impossible to sustain,” Mr. Rossi says. The current controls are just “makeup” and do not get to the heart of the problem – a fiscal deficit and loose monetary policy.
“The illusion may work for a while but then reality hits,” says Jaime Daremblum, a senior fellow at the Hudson Institute, a conservative think-tank. Mr. Daremblum says Uruguay tried price freezes in the 1960s to stem inflation – but failed.
And in Argentina, controls imposed in the mid-1980s could not prevent hyperinflation by the end of the decade.
Kirchner recently announced a 35 percent increase in government child benefits, claimed by nearly two million families, while other welfare programs also saw hikes. The government hopes that together with the price freezes this will boost domestic consumption, a key pillar of its model, ahead of midterm elections in October.
“The government wants people to maintain their purchasing power,” says Ricardo Romero, a political scientist at the University of Buenos Aires. “It doesn't want to be harmed [in the run-up to the elections].”

Necessary or not?

The official inflation rate is 10.5 percent. But the government statistics agency has been widely discredited since 2007, when the brusk domestic commerce secretary Guillermo Moreno ousted the head of the consumer price index.
Amid other recent interventionist measures and expropriations, Mr. Moreno has steered controversial import restrictions and now the price controls. Local media reports that these controls have resulted in shortages. In some stores, notices on shelves remind shoppers the 500 products are for family consumption only, not resale. The head of Argentina's main supermarket association has also admitted that the products subject to the price freeze are being rationed in some cases due to high demand.
But the freezes are necessary to stop companies that dominate production from fueling inflation, says Ariel Geandet, an economist at Movimiento Evita, an influential pro-Kirchner youth organization named after Eva Perón.
“Society is told that government is entirely to blame for inflation,” says Mr. Geandet, a former economy ministry official. “We’re breaking that logic and empowering consumers with the right to fight back.”

domingo, 2 de junio de 2013

De qué hablamos cuando hablamos de socialismo

http://sur.infonews.com/notas/de-que-hablamos-cuando-hablamos-de-socialismo

De qué hablamos cuando hablamos de socialismo

Año 6. Edición número 263. Domingo 2 de junio de 2013
contacto@miradasalsur.com
Foro de San Pablo. Los rumores de expulsión del Partido Socialista. Las idas y vueltas de Hermes Binner. El rol de la UCR ante las políticas del Frente Amplio uruguayo y el PT brasileño.
Durante la semana, circuló en los medios y redes sociales que habían expulsado al Partido Socialista del Foro de San Pablo. Muchos se sintieron sorprendidos por la noticia, porque cualquiera que conozca el funcionamiento de ese espacio sabe que es muy difícil la exclusión de una fuerza política del mismo. Sin embargo, el más desconcertado fue Hermes Binner, que desconocía por completo la participación del PS en este ámbito. Es que la ignorancia del espacio de izquierda latinoamericana por parte del líder del Frente Amplio Progresista muestra su perfil conservador, que se siente más cómodo en la Internacional Socialista, codeándose con la socialdemocracia europea, que con las expresiones populares del continente, y termina apoyando a las fuerzas reaccionarias de la región. De hecho, el Partido Socialista hereda la participación en el Foro de San Pablo a partir de la unificación del PS Democrático y el PS Popular, donde la primera corriente de las que formaba parte Alfredo Bravo (fallecido hace diez años), junto a Oscar González y Jorge Rivas, eran los que tenían la participación en este espacio. En tanto que el Popular, de donde proviene Hermes Binner, sostenía más la membresía en la Internacional Socialista, lo que implicaba fortalecer lazos con partidos socialdemócratas en la región, privilegiando alianzas con la Unión Cívica Radical (que increíblemente forma parte de la IS) o en Brasil con el viejo laborismo varguista-brizolista del Partido Democrático Trabalhista en vez de una relación con el Partido dos Trabalhadores. Así, la proyección nacional de Hermes Binner entró en tensión con las dinámicas populares del continente y las políticas que despliega el gobierno nacional desde 2003. Es que este socialismo, surgido del movimiento estudiantil, ganó la ciudad de Rosario casi como un error histórico, tras la renuncia de Usandizaga, combinado con la fragmentación del escenario político. Así, el PSP lograba la intendencia en una de las principales ciudades del país en 1989, en el mismo año en que el PT obtenía Porto Alegre y el Frente Amplio Montevideo. Sin embargo, esta versión autóctona del socialismo, fundada por Guillermo Estévez Boero, nunca tuvo la dinámica de sus pares latinoamericanos. Por eso la ambivalencia de Hermes Binner que por la mañana decía “yo desconozco si el Partido Socialista participó del Foro” y por la tarde sostenía que “estamos en el Foro de San Pablo desde su fundación y nos sentimos plenamente partícipes de él”. Una ambivalencia que choca con el conservadurismo que tienen sus aliados, especialmente los radicales como Morales y Sanz, que critican fuertemente las experiencias populares de América Latina. De hecho, mientras éstos arengaron contra Hugo Chávez, y ahora contra Nicolás Maduro, Evo Morales o Rafael Correa; el gobierno argentino articula las relaciones con esos movimientos, algo que se vio plasmado con la realización de la XVII edición del Foro de San Pablo en Buenos Aires en 2010, que contó con la participación del ex presidente Néstor Kirchner. Es que este espacio logró congregar una diversidad de visiones y articulaciones del campo de la izquierda latinoamericana. Surgido en pleno derrumbe del campo comunista, en San Pablo en 1990, se propuso no resignarse al devenir neoliberal. Incluso, ya en su reunión en Montevideo en 1995, los partidos se pensaron como alternativas reales a los gobiernos privatistas de la región, logrando a principios de siglo alcanzar la presidencia en la mayoría de los países latinoamericanos. A lo largo de su existencia recorrió el continente, pasó por Ciudad de México (1991-1998-2009), Managua (1992-2000-2011), La Habana (1993-2001), Montevideo (1995-2008), San Salvador (1996-2007), Porto Alegre (1997), Guatemala (2002), Quito (2003), San Pablo (1990-2005), Buenos Aires (2010), Caracas (2012) y el próximo será en San Pablo, desde el día 31 de julio al 4 de agosto de este año. En el Foro de San Pablo, sus miembros tienen voz y voto, sin embargo también asisten partidos y movimientos sociales de izquierda de otras partes del mundo, como Europa, Asia y África, los cuales sólo tienen voz, pero no voto. Los partidos que la integran tienen una gran diversidad de visiones. De hecho, hay países con un solo representante, como Cuba con el Partido Comunista, Nicaragua con el Frente Sandinista de Liberación Nacional, El Salvador con el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional o Panamá con el Partido del Pueblo de Panamá; así como países con varios miembros, como el mismo Brasil, donde participa el Partido dos Trabalhadores junto con el Partido Comunista Brasileño, el Partido Socialista Brasileño, el Partido Comunista do Brasil y el mismo Partido Democrático Trabalhista. Incluso participan los partidos que forman parte del gobierno, como el Frente Amplio en Uruguay, los partidos fusionados en el Partido Socialista Unificado de Venezuela, el Movimiento País y otros aliados en Ecuador, el Partido Comunista Boliviano y el Movimiento al Socialismo en Bolivia. En tanto que, en su mayoría, varios partidos de la Argentina participan de la coalición de gobierno tanto del ex presidente Néstor Kirchner como de la actual presidenta Cristina Fernández, en tanto que Libres del Sur y el Partido Socialista son férreos opositores. El Foro de San Pablo se desataca por ser un ámbito propio del socialismo latinoamericano, con un rol relevante en las experiencias de la región, diferenciado a las políticas de ajuste que hoy implementan los partidos de la Internacional Socialista en Europa. Este espacio se convirtió en un lugar de encuentro para reflexionar no sólo sobre los programas sino sobre las políticas concretas para recuperar los derechos que el diluvio neoliberal había dejado. Acciones como la asignación universal, la reorganización del espacio público, la redefinición del Estado, las propuestas participativas, la economía solidaria y el mismo latinoamericanismo, se constituyeron en la plataforma con que se redefinieron las alternativas latinoamericanas y se fortalecieron los proyectos populares. Con esta base, la izquierda latinoamericana encaró en el nuevo siglo el manejo de los Estados capitalistas latinoamericanos, afrontando las crisis internas e incluso sobrellevando los impactos globales. En ese contexto, los gobiernos populares lograron desendeudarse y acumular reservas, que le permitieron afrontar un panorama internacional donde sus primos políticos aplican políticas de ajuste en el viejo continente. Además, la misma lógica latinoamericanista los hace confluir en aunar esfuerzos en el continente para articular modelos de desarrollo alternativos, como la convergencia en la Celac contrapuesta al panamericanismo de los Estados Unidos del perimido ALCA. Y se sostienen en la plena vigencia de la democracia, como lo demostró la acción conjunta de los países en el ámbito de la Unasur, especialmente en el intento de golpe de Estado contra Rafael Correa o la suspensión de derechos de Paraguay, tras la destitución de Fernando Lugo. Si bien el socialismo latinoamericano tiene aún el desafío de repensar mecanismos de gobierno a escala nacional, profundizando modelos de presupuesto participativo, a fin de fortalecer la democracia del continente, o incorporar en agenda temas profundos como los recursos naturales, desde la minería en la zona andina, así como el agua en el Amazonas y el Plata; lo cierto es que encuentra en el Foro de San Pablo un espacio de deliberación que les permite articular políticas e incluso solucionar conflictos en paz, como lo sucedido entre Colombia y Venezuela, por intermediación de la Unasur. Por esta razón, el Foro de San Pablo sin dudas se ha convertido en la voz de los gobiernos populares latinoamericanos, que en sus 23 años de existencia no sólo reivindica las utopías y sueños de Alfredo Palacios, Carlos Prestes, Zelmar Michelini, Salvador Allende, Eva Perón, Ernesto Che Guevara o Schafic Handal, entre otros referentes del continente, sino que además avanza en la construcción concreta de una sociedad más justa e igualitaria.

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Otras notas

  • Concluye, hoy, la edición temática del Foro Social Mundial (FSM), un espacio que a lo largo de la primera década del milenio dio base para sustentar su lema “Otro mundo es posible”. Esta vez, el tema de convocatoria fue la “Crisis capitalista y la Justicia Social y Ambiental”, teniendo como marco la debacle de la economía europea y siendo antesala de la cumbre de Río+20.
  • Con su batallón de candidatos, Dilma Rousseff se apresta a enfrentar la contienda por los municipios brasileños, donde si bien las estrategias están echadas, su continuidad en el gobierno comienza a dirimirse en estas elecciones. A partir del 21 de agosto, que largan las campañas electorales y hasta el 4 de octubre, fecha que cierran los spots en los medios, la ciudadanía brasileña será seducida por los aspirantes a intendentes y concejales de los 5.200 municipios a lo largo del país.
  • En las elecciones de octubre en Brasil se enfrentarán dos grandes coaliciones, la que impulsa a Dilma –donde tenemos al PT acompañado por el incondicional PCdB (Partido Comunista do Brasil), junto al varguismo del PDT (Partido Democrático Trabalhista) y al estratégico PMdB (Partido do Movimiento Democrático Brasileiro)–, que enfrenta a Serra –que lo sostiene el PSdB secundado por su condicional aliado Demócratas, otra rama varguista expresada por el PTB (Partido Trabalhista Brasileiro) y el PPS (Partido Popular Socialista –ex Partido Comunista Brasileño–).
  • ¿Hasta qué punto el ideario histórico del radicalismo puede representar a sectores importantes de la sociedad argentina de hoy?
  • La derecha latinoamericana pasa por el peor momento de su historia. Se trata de una situación que va en paralelo con la expansión –no habida hasta ahora– de una mayoría de gobiernos progresistas en la región y de aislamiento de Estados Unidos en el continente.
  • Diez años después de su primera edición, el Foro Social Mundial (FSM) vuelve a África, en un escenario mundial muy diferente al de 2001. En ese entonces la hegemonía del modelo neoliberal aún era grande, la economía mundial no había entrado en crisis y, principalmente, América latina aún estaba dominada por gobiernos neoliberales, con excepción de Venezuela y Cuba.

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